Para mi hija

Hoy os comparto esta Carta de Elena Sofía Zambrano que me llegó hace más de un año, y la guardaba como un tesoro, como una semilla esperando ver la luz, y hoy he sentido que llamaba a mi puerta, que me pedía que os la compartiera y que anidara en vuestros corazones igual como lo hizo en el mío. Tomaros un tiempo para leerla, para respirarla, para sentirla en vuestro interior, regalos así hay que parar para saborear.

PARA MÍ HIJA, de Elena Sofía Zambrano

“Creo que estoy lejos de ese momento, y no sé si quiera si algún día lo viviré, pero si yo tuviera una hija hoy, le mostraría lo increíble que es estar vivo.

Le cantaría todos los días para que aprendiera que en la música se esconde un poco de nuestra alma, y que al cantar se nos llena el corazón de cosas buenas.

Le leería un libro cada noche. Le contaría historias. Le llenaría su mundo de personajes, y lugares, y magia y colores. La enseñaría a amar la lectura, a buscarse a ella misma dentro de un libro, a encontrarse escondida entre las hojas, y a nunca dejar de descubrirse.

La sentaría frente a un espejo y le mostraría que es hermosa. Estaríamos frente al espejo hasta que en realidad se diera cuenta de ello. La enseñaría a amarse tal y como es, y a cuidar su cuerpo porque es su propio altar. Le diría que nunca dejara que nadie, nadie, y mucho menos ella misma, la hiciera sentirse fea. Que la belleza es un derecho de todos, solo que a veces no nos sentamos el suficiente tiempo frente al espejo (que es nuestra alma) para darnos cuenta. O no abrimos bien los ojos.

Le diría que puede cumplir sus sueños. Que a mí, su abuela me dijo una vez que yo podía cumplir los míos, y así fue. Que sueñe grande, grande, hasta llenar el cielo de estrellas con sus sueños. Y que trabaje duro para lograrlos.

Tendríamos un jardín, y plantaríamos flores, y arbustos, y árboles. Les pondríamos nombres a nuestros verdes amigos y bailaríamos de la mano al lado de ellos. La enseñaría a maravillarse con sus colores, sus aromas, sus texturas, y lo fresco que es el mundo bajo su sombra.

La enseñaría a tejer, a hacer cosas con las manos. Le diría que las mujeres tenemos el don de la creación, y que las manos y el cuerpo se nos ponen tristes cuando no hacemos cosas. Que encontrara algo que le gustara hacer, algo que le gustara crear, y que lo practicara con amor el resto de su vida.

Le diría que los alimentos son sagrados. Que somos lo que comemos. Que somos lo que pensamos. Le enseñaría a cocinar, a descubrir el arte de crear emociones y de transmitir amor con los alimentos. Le recordaría que comer deprisa y cualquier cosa nos hace perdernos de disfrutar de las pequeñas grandes cosas de la vida. Del placer de los sabores, los olores, las texturas. El placer de sentir que le haces bien a tu cuerpo.

Le diría que nunca tratara mal a nadie. Que aunque sus compañeritos lo hicieran, nunca se burlara ni fuera mala con los demás. Que lo que le damos a la vida y a la gente, se nos regresa multiplicado, bueno o malo. Y que si algo yo aprendí, es que con los años te das cuenta que gente de la que te reíste o con la que creíste no tenías nada en común se vuelven importantes en tu vida, y amigos que creías serían para siempre resultan no tan buenos amigos.

Le enseñaría lo hermosa que es la familia. Lo hermoso que es compartir. Que aunque llegue un momento en que quiera abrir sus alas (porque hija mía, llegará) y vivir sola o con su pareja u otras personas, siempre me tendrá a mí y tendrá a su papá y seremos su familia. Que siempre podrá contar con nosotros y que nosotros nunca olvidamos que ella es libre y ella decide cómo vivir su vida.

Cuando menstrúe por primera vez, la abrazaría fuerte y le regalaría una enorme sonrisa. Le daría la bienvenida al mundo de ser mujer. Le explicaría que la menstruación es sagrada y es mágica y que en ella se encierran muchos misterios y un hermoso poder. Le explicaría de su cuerpo de mujer y que somos hijas de la luna. Le diría que de ahora en adelante su vida estará marcada por ciclos, y que si llega a conocerlos y estudiarlos bien, aprenderá a sacarles el mejor provecho y ser muy feliz. Y después, la llevaría a su restaurante favorito y nos juntaríamos con las mujeres importantes en su vida en ese momento. Para que supiera que forma parte del círculo femenino, que nos une a todas, y que nos une a la tierra y al universo.

Y le hablaría de sexo. Sin miedos. Sin mentiras, sin medias palabras. Le diría que es hermoso cuando uno sabe respetarse y respetar al otro. Que es sagrado, que es mágico. Que es muy divertido. Que puede ser un arma de dos filos cuando a uno se le olvida su verdadero valor. Que no le crea a la Tv, que no le crea a las revistas. Que le crea a su cuerpo y a su corazón y a su naturaleza de mujer. Que se espere al momento adecuado (no sé cuando será, hijita, eso solo lo sabe uno mismo) y que encuentre a una persona con quién verá el cielo y las estrellas.

Y le enseñaré sobre su fertilidad. Y cómo estar consciente de ella. Y como manejarla sana y sabiamente.

Y le regalaré esos libros sobre mujeres que tanto han cambiado mi vida.

También le hablaré del amor. Le diré que es la fuerza más grande del planeta, que lo puede todo, que es como la tierra y las estrellas y el polvo del que están hechos los planetas. Que ella sabrá cuando lo encuentre. Que si en el camino le rompen algunas veces el corazón, será para que cuando encuentre a la persona indicada pueda reconocer su perfección. Y le diré que nunca deje de creer en el amor.

Le diré que viaje. Que viaje harto. Que viaje hasta sentir que el planeta le pertenece (nos pertenece hija, por eso hay que cuidarlo tanto). Que viaje como yo viajé y me abrió tanto la mente, y el corazón y los ojos. Que vuele, que viaje, que respete todas las culturas y se quede con lo que más le guste de cada una de ellas. Y que siempre, siempre viaje ligero.

Le diré que habrá quién le diga que los hombres son malos, que solo les importa una cosa, que hay que cuidarse de ellos. Pero que ella no deberá hacer caso a eso. Que tanto hombres como mujeres los hay buenos y malos. O mejor dicho, más o menos conscientes y evolucionados. Pero que en el camino encontrará hombres tan maravillosos que le harán entender porqué la vida nos creó en par.

Le aconsejaré que se busque un trabajo en el que pueda servir a los demás. En el que haga algo bueno por el mundo, que encuentre un trabajo que la haga sentir que dejará este mundo mejor de como lo encontró. Pero que nunca se le olvide que el trabajo y el dinero no lo son todo en la vida. Que la verdadera felicidad está en uno mismo, en las personas a quienes amamos, en disfrutar de la naturaleza, en ayudar, en aprender, en crear, en soñar y cumplir sus sueños. Le diré que no hay que tenerle miedo al dinero (como alguna vez me lo dijo mi mamá), que cuando uno le teme menos viene. Y que el dinero es energía y por lo tanto debe siempre circular, por lo cual de nada sirve que lo amontone y amontone pudriéndose en una cuenta de banco o bajo el colchón. Que hay que saber administrarlo, pero también hay que saber disfrutarlo y compartirlo.

Le recordaré que no nacimos en un valle de lágrimas. Que nacimos con el potencial enorme y palpitante para ser felices. Que las respuestas siempre están en nosotros mismos. Que al levantarse cada día nunca olvide la alegría de vivir.

Y le diré que algún día tanto yo como su padre tendremos que morir. Le diré que es normal, y que si quiere llorar, que llore. Que si quiere estar triste un tiempo, que lo haga. Pero que solo un corto tiempo, porque aunque nos extrañe, debe saber que morir es parte de nacer y de vivir. Que para renacer, uno tiene que morir. Y que el mundo no se acaba aquí. Que todo es mucho más infinito de lo que se imagina. Que a todos nos queda un largo camino infinito por recorrer, y que la veré del otro lado. Y que quizás allí, cuando nos encontremos, tal vez sonría con una dulce nostalgia recordando que allá, en ese enorme y hermoso planeta azul, yo fui su madre.”

¡Gracias Elena por tus palabras, por recordarnos la belleza de la vida y por devolvernos la consciencia de cómo acompañarla, Gracias!

7 Comments on “Para mi hija

  1. Estos días de descanso me permiten leer con calma y escudriñar los diversos mundos que voy descubriendo con cada clic de mi mouse.

    Me encanta encontrarme con relatos que me llegan tan profundamente al corazón, y éste es uno de ellos.

    Lo he disfrutado mucho y me ha brindado la calidez necesaria para ir ahuyentando los fríos rincones que todos tenemos en nuestro interior.

    Mil gracias tan bonito regalo 😀

    Me gusta

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