Revista Mundo Natural

Por Carla Trepat

La sexualidad durante la infancia es un tema al que se le da muy poco espacio en nuestra cultura. Se aborda, mayormente, en la adolescencia, de forma a veces poco precisa y muy científica, dejando de lado muchas veces los aspectos emocionales de esta, los cuales son de gran importancia.

El rechazo que muchos adolescentes sienten cuando se les habla del tema es causa de la falta de comunicación en los años anteriores. Establecer este vínculo de comunicación y confianza desde la infancia será clave para que cuando llegue la adolescencia, los jóvenes se sientan seguros para preguntarnos al respeto. Desde su nacimiento, el ser humano es un ser sexual, variando en cada etapa de su crecimiento la forma en que ésta se manifiesta.

La sexualidad infantil es una de las puertas a través de las que el niño o niña desarrolla su personalidad y sus relaciones de afectividad. Es una de las necesidades básicas del ser humano, una función como comer, respirar, dormir, beber,… y como tal, debe ser un tema tratado con naturalidad, cariño y honestidad, y debe tener su propio espacio dentro del proceso educativo del niño.

Además, unido al desarrollo de la sexualidad infantil, en el niño maduran otras aptitudes importantes para su crecimiento, como la iniciativa, la espontaneidad, la creatividad, la inventiva, o la curiosidad. Esta curiosidad por lo que les rodea, incluido el propio cuerpo, es grande, y va unida al placer de jugar con otros niños, de divertirse, de comer algo rico, de recibir amor de los padres,… En resumen, el desarrollo de la sexualidad infantil va unido a aprender a disfrutar de lo que nos da la vida.

El placer durante la infancia no tiene nada que ver con el placer adulto, que se centra más en lo erótico, los genitales o el orgasmo. En la infancia es una forma más de juego espontáneo e inocente. Además, este placer esta descentralizado, y corre libremente por todo el cuerpo porque aún no ha sido restringido y clasificado por la cultura como en la sexualidad adulta.

Como madres, padres, o educadores, nuestra reacción y acompañamiento será vital para su crecimiento, su confianza en ellos mismos y para su autoestima. Es muy importante para su educación sexual dar espacio y tiempo a este tema desde la infancia, que ellos sepan que nos pueden hablar y preguntar.

Hay que tener en cuenta que ellos tiene muchas formas de hacer preguntas, a veces con palabras y otras muchas con miradas, gestos,… Seguramente se nos plantearan dudas, miedo a meter la pata o decir lo incorrecto, a contar demasiado o demasiado poco. Estas dudas pueden ser fruto del tabú o silencio que nosotros mismos recibimos y no queremos transmitir a nuestras propias hijas e hijos.

De hecho, no hay una manera correcta de hablar de sexualidad. Hablaremos de ello cuando nos apetezca o lo creamos adecuado, como con cualquier otro tema. La manera en que respondamos a sus preguntas tiene más que ver con la actitud de estar abiertos a hablar de estos temas y a aprender juntos, que a decir la “respuesta correcta”. Podemos encontrar un lenguaje propio para hablar de sexualidad con ellos.

A veces solemos dedicarle demasiado espacio a los posibles problemas que pueden surgir. Es como si al hablarles de los juegos con otros niños, solo habláramos de lo peligroso que puede ser tropezar mientras corres, o caerse de un columpio. Hay que intentar hablar la mayor parte del tiempo en positivo.

Es importante también no esperar eternamente a que el niño plantee las preguntas, podemos ser nosotros quienes iniciemos la conversación cuando así lo sintamos, recordando que lo que le expliquemos tenga relación con el aquí y el ahora, y veamos que le despierta interés.

A veces estamos tan preocupados para que sepa algo que nos olvidamos del poder de las metáforas. Cuando un niño es pequeño una de las mejores formas de transmitir cualquier mensaje es a través de cuentos, él se identifica y así puede integrarlos muchísimo mejor. Historias que abrirán puertas de importantes conversaciones cuando crezca.

Podemos hablarles de cómo se produce el embarazo, como prevenirlo, de los penes y las vulvas, el útero, el ciclo menstrual… Aprenderán otro vocabulario que seguramente nosotros no tuvimos a su edad, pero la profundidad de esos conceptos los irán aprendiendo a medida que crezcan y vean la necesidad de saber más.

Poco a poco, vamos abriendo el camino para sus preguntas e inquietudes y vamos sembrando el jardín que en la adolescencia estará lleno de flores, árboles y mariposas, haciéndolos responsables y conscientes de la importancia de su sexualidad.

Podemos nombrar igual que hacemos con la nariz, orejas, manos, corazón,… los genitales. En este punto, cabe diferenciar entre los genitales masculinos y femeninos, ya que los masculinos han tenido más presencia en nuestra sociedad que los femeninos.

En pocas familias se ha hablado del clítoris, los labios, la vagina o los ovarios, ni tampoco se han mostrado estas partes del cuerpo. Hay que alentar, tanto a niñas como a niños, a conocerlas y valorarlas. La vida de mujeres y hombres seria muy distinta si supieran como es su cuerpo y conocieran su funcionamiento desde pequeños.

Profundizando un poco más respecto a los genitales, además de nombrarlos será importante enseñar los cuidados básicos de higiene, así como las normas sociales en lo que respecta a la intimidad, ayudarles a aprender qué lugares son adecuados para disfrutar de la sexualidad y cuáles no lo son, sin reprimir la conducta sexual.

En cuanto a la menstruación, es muy valioso transmitirles el conocimiento de los ciclos menstruales, los cambios de ánimos, de energía,… En nuestra cultura la menstruación sigue siendo un tabú. Sólo hace falta ver los anuncios dónde el mensaje que transmiten es el de ocultar cualquier muestra que una mujer está menstruando: olor, emoción, cambios físicos, … hasta el líquido que usan es de otro color: azul.

Enseñar a nuestros hijos e hijas la sencillez de la menstruación les proporcionará un mayor entendimiento de su cuerpo y del cuerpo del otro sexo, permitiendo así la aceptación y comprensión.

Para ayudar a nuestros hijos e hijas a tener una sexualidad saludable y plena lo más importante es tenerla nosotros primero, o por lo menos, estar dispuestos a “re-aprender” y aceptar que hay cosas que no sabemos o estamos en “re-flexión”.

Observar como los niños se relacionan es una buena forma de ver las cosas de una forma diferente. Podemos aprender de los niños esta mirada inocente del cuerpo. Conocernos de nuevo y aceptarnos tal y como somos es el primer paso para poder amarnos y cuidarnos a nosotros mismos, y así, tomar decisiones conscientes.

Revisar nuestra propia sexualidad, cómo nos educaron, cómo vemos la masturbación, la menstruación,… y dar un espacio para reflexionar qué es lo que queremos transmitirles nos ayudará a acompañar a los niños, a ser coherentes con lo que mostramos y lo que somos.

Carla Trepat es escritora e ilustradora del libro “El tesoro de Lilith, un cuento sobre la sexualidad, el placer y el ciclo menstrual”. http://www.eltesorodelilith.com carlatrepat@gmail.com

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