Escúchame mamá, necesito contarte algo.

Mamá, se que a veces te cuesta escucharme, tienes tantas cosas en la cabeza que te impiden verme realmente, pero si ahora tienes cinco minutos, escúchame.

Sé que estoy aprendiendo, que muchas veces me caeré, resbalaré, tropezaré, y lloraré. Lo sé.

Lo necesito, necesito aprender a caerme y a levantarme yo sola, saber que tú estás allí por si necesito llorar, por si necesito tu pecho y que en momentos de dolor podré contar contigo.

Necesito que me mires, me escuches y me toques.

Que sepas respetar cuando estoy concentrada en algo ¡Eso es muy importante para mí, igual que lo es para ti, mamá!

Acompañarme con tu presencia invisible, con tu mirada sin juicio, sin voz, sólo observándome.

Si yo te necesito te llamaré, confía en mí.

Se que es difícil, muy difícil, que tienes miedo a que me haga daño, a que me caiga, a que sufra, lo sé y te comprendo. Pero evitándome cualquier chichón, resbalón o caída no me haces bien, todo lo contrario, me haces insegura, con miedo a la vida, dependiente de tu ayuda constante y sobretodo, ignorante de mis limites, de lo que si puedo y de lo que no puedo hacer.

Mamá, confía que cuando me caiga aprenderé y que la próxima vez seré más precavida.

También aprenderé a levantarme por mi misma, y eso lo necesito mamá, me caeré tantas veces, tropezaré tantas veces que lo único que necesito es saber que puedo levantarme por mi misma y que la vida sigue. Que para saber ganar tengo que saber perder, que para subir tengo que saber bajar.

Eso lo aprendo ahora, cuando soy pequeña.

Me tomaré mi tiempo, lloraré lo que necesite y después ya verás que se me pasará.

¡Déjame hacer mamá! Déjame experimentar, probar y por favor, ¡Déjame equivocar!

Claro que quiero que me protejas de los peligros mamá, ¡Claro! Pero no necesito que me protejas de los chichones, rasguños ni tropezones, estos los necesito para aprender.

Que un chichón dura 15 minutos, y que lo que aprendí dura toda la vida, ¿Sale a cuenta verdad mamá?

Y si lloro no me digas que no ha pasado nada, ¡Claro que ha pasado! Me he caído, ¡Me he hecho un chichón! Y me duele. Y con tus manos, tu pecho y tu amor se me va tan rápido el dolor…

Gracias mamá por ayudarme y acompañarme a descubrir el mundo, por confiar que yo sé hacerlo, que si me caigo y me equivoco está igual de bien que si no lo hago, pues es el único camino de aprender. Y que lo que hago es necesario para mi vida, para mi aprendizaje.

Gracias mamá por comprenderme y respetarme.

Escrito por:

Carla Trepat Casanovas, Investigadora de la Sabiduría Femenina y creadora del libro “El tesoro de Lilith, un cuento sobre la sexualidad, el placer y el ciclo menstrual”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: