La sexualidad Infantil

La Sexualidad Infantil

“La sexualidad es inherente al ser humano, sólo sus manifestaciones cambian a lo largo de nuestra vida en función de la etapa vital en que nos encontremos y de nuestras vivencias. Así, queramos o no, los estamos educando desde el principio, aunque la mayoría no sepamos lo que se supone que experimentan los y las peques ni cómo acompañarlos.” Anna Salvia Rivera 

Crecer con nuestra sexualidad

Escrito por: Cristina Garcia 

La sexualidad infantil es una de las puertas a través de la que el niño desarrolla su personalidad y sus relaciones con la afectividad. La sexualidad es un aspecto natural en los seres humanos, una función de la persona como comer, caminar, leer, estudiar, etc. Y como tal, debe ser un tema tratado con naturalidad, honestidad, cariño, y debe tener su propio espacio dentro del proceso educativo del niño.

La educación sexual y los padres 

El niño utiliza su sexualidad, no sólo como fuente de placer, sino que también como fuente de conocimiento. Es un medio para comprender el mundo, para divertirse, para relacionarse, para conocerse a sí mismo y conocer a los demás.

De ahí que sea fundamental que los padres conozcan qué comportamiento esperar en sus niños.

Las etapas de desarrollo del niño son muy diversas, pero se puede decir a grandes rasgos que antes de los cinco años las conductas relacionadas con la sexualidad son el mamar, el chupar, el querer percibir todo con la boca, bailar, abrazarse, tener objetos de textura suave, e inconscientemente manejan cierto placer con la actividad de higiene y limpieza a la que son sometidos comúnmente por la madre.

En consecuencia, es esperable que mientras duerme el niño se toquen los genitales mientras duermen, o que incluso los exploren con curiosidad y risas. Además, con recurrencia el niño buscará las mamas de su madre o de otras mujeres porque ha comprendido que esa zona le produce placer… le da comida.

De los cuatro años en adelante, el niño tendrá mayor curiosidad por las zonas genitales y buscará comparase a sí mismo con otros niños e incluso con adultos. Es en este momento que se inician las preguntas difíciles como ¿por qué yo no tengo lo mismo que papá o mi hermano, o ¿por qué tus pechos son grades y los de papá no?, por mencionar algunos ejemplos.

Como en este momento el género del niño no está definido (pues el género no sólo depende del condicionamiento biológico que indica que se es hombre o mujer), será común que adopten conductas femeninas y masculinas indistintamente. Esto no es de preocuparse, ni es un serio indicador de confusión en el niño, sino que todos lo vivimos en alguna etapa del desarrollo, y luego es superada.

Después de los seis años, el niño comenzará una actitud más activa, entrará en contacto con otros niños o niñas, y es posible que se den juegos urogenitales, imitación de posturas sexuales, y además estarán en su etapa anal, pues el niño descubrió casi al nacer que la excreción de las heces le producía placer.

Un dato que hay que tener en cuenta es que el impulso sexual en esta etapa de la infancia va unido al impulso epistemofílico, es decir, a la búsqueda por el conocimiento, por aprender cosas nuevas.  Así pues el desarrollo sexual infantil es paralelo al desarrollo cognitivo (intelectual). Si se reprime uno afecto al otro, (E.Reichert, Infancia la edad sagrada).

En resumen, unido al desarrollo de la sexualidad infantil, en este periodo de 3 a 6 años también maduran otras aptitudes en el niño y la niña y todas son importantes para su bueno desarrollo:

  • la búsqueda por el conocimiento,
  • la iniciativa,
  • la espontaneidad,
  • la creatividad,
  • la inventiva,
  • la capacidad de disfrutar del placer.

Además en este periodo, como investigó Erikson y que Evânia Reichert expone claramente en su libro Infancia, la edad sagrada, se desarrolla en el niño una preciosa virtud, la iniciativa. Una iniciativa que es fruto de la fuerte curiosidad que nace a esta edad.

Esta curiosidad por el propio cuerpo es grande y va unidad a otras curiosidades y posibilidades de expansión y de placer. Un placer que no se puede entender como el placer sexual adulto, centrado  en el orgasmo o en lo erótico-genital. Si no que es un placer que abarca un ámbito general.

El placer

En esta etapa de la infancia, descubrir el placer que proporciona el propio cuerpo va unido a permitirse disfrutar del placer en todos los ámbitos de la vida: placer por comer algo gustoso, placer de jugar con los amigos, placer de divertirse,  placer de amar a los padres, placer de recibir amor.

Es decir, el placer de disfrutar de las cosas que nos da la vida.

Escrito por: Cristina Garcia

Pedagoga, Terapeuta infantil, Orientadora familiar, fundadora de Edúkame

www.edukame.com

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